jueves, 17 de julio de 2008

SAGRADO PECADO

Nuevamente me encuentro con mis alas desplegadas, convirtiendo lo divino en carnal, dandole a lo carnal el toque celestial, convirtiendo en divino el sentido de pecar.

Despertó en mi mente la imaginación hiperactiva, cuando sus frases retumbaron en mis oidos, su sonrisa ofuscaba mi conciencia, y solo imaginaba sus palabras convirtiendose en figuras, figuras eróticas sin distinción de maldad, que se transformaban en vapor en mi propia personalidad, vapor que se consumia en el calor de mi aura, calor que irradiaba del fuego de mi alma.

Sus palabras intentaban esconder un freno, pero no pudo ocultarlo con la sonrisa que corrio el velo, solo amigos me dijo, que respeta lo sagrado. Niña Inocente que no me conoce, que no encuentra aun la interpretación del Angel negro, que se le ha presentado, el que intenta exteriorizar, aunque con suma cautela, la particularidad divina de lo sagrado en lo profano.

Sin embargo ella no teme, el estar bajo mis alas, pues de alguna forma sabe, que lo menos que quiero es dañarla. Pero, ¿como dañar una flor? si su belleza nos embarga, desde que es un capullo, sin forma, sin color, sin petalos que sobresalgan, solo una promesa que la naturaleza extiende, para deleitar los sentidos cuando la flor salga, con su aroma, su color, su forma de naturaleza sabia, que coloca en el momento adecuado, el toque de dulzura necesaria.

Es dificil definir mi concepto de sagrado, pues todo lo divino, puede convertirse en pecado, es una parafrasis que es manejada segun el caso, por el monje, por el guerrero, por el maestro ó el estudiante aislado. Para mi lo sagrado, es todo lo que te hace tocar el cielo, lo que te hace sentir que el universo contigo se ha fusionado, lo que te llena de forma tan grata, que estara en tu mente para toda la vida, independientemente de quién o qué lo halla causado.

Pero eso es lo que define a un Angel Negro, su sentido de divinidad distorcionado, alejado de la premisa del Dios unico todopoderoso, y en el conocimiento de diversas culturas amparado, reconociendo las acciones denominadas pecado, pero sin abstenerce de disfrutar de las mieles que la naturaleza nos ha proporcionado.